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Uruguay: HistoriaEl Uruguay indígena y Español
El
Uruguay anterior a su descubrimiento por los españoles en 1516,
estaba poblado por unos pocos millares de indígenas a los que el
conquistador europeo llamó charrúas, minuanes, bohanes, guenoas,
yaros, chanaes y guaraníes; pueblos que también se extendían
por los vecinos Argentina y Brasil.
La
macro etnia charrúa, mayoritaria, tenía el nivel cultural de los
cazadores superiores; los chanaes practicaban también una
agricultura incipiente; los enclaves guaraníes conocían formas
algo más avanzadas de la agricultura. Pero todos ellos eran
fundamentalmente cazadores, canoeros y pescadores. Algunos escasos
restos arqueológicos testimonian la práctica de cerámica
decorada así como el tallado de la piedra.
La
llegada de los europeos y del ganado vacuno y caballar que estos
abandonaron a comienzos del siglo XVII en territorio uruguayo,
modificaron el hábitat, la demografía y las costumbres de esos
indígenas. Convertidos en diestros jinetes cazadores de vacas,
terminaron diezmados por la viruela y la persecución del hombre
blanco por cuanto su cultura los torno hostiles a las formas de
trabajo que trajo el conquistador español.
La
tradición historiográfica afirma ser el año 1831 aquel en que
desaparecieron los charrúas como entidad demográfica de cierto
peso, cuando fueron aniquilados por las tropas del primer gobierno
republicano del Uruguay independiente, esa destrucción no impidió
que la sangre indígena penetrara en capas de cierta importancia
de la población campesina del país, en particular guaraní
proveniente del territorio que ocuparon las Misiones Jesuíticas.
De cualquier modo, el llamado "exterminio de los indígenas
en Salsipuedes" (1831) fundó el mito del Uruguay europeo y
blanco que las clases dirigentes del país siempre alimentaron,
tanto más cuanto la inmigración transcontinental fue, en efecto,
la bases del crecimiento demográfico uruguayo.
La
Banda Oriental, designación que los españoles dieron al
territorio uruguayo, fue una región de colonización tardía,
contemporánea sobre todo de la España de los Borbones en el
siglo XVIII. Se pobló por tres motivos fundamentales: la calidad
de su pradera natural combinada con la multiplicación del ganado
abandonado por los españoles en sus llanuras; las ventajas de
Montevideo como único puerto natural del Río de la Plata; y la
condición de territorio fronterizo en permanente disputa entre
las coronas de España y Portugal.
Las
ciudades y villas tuvieron a menudo su origen en la lucha
hispano-portuguesa, por ejemplo el primer establecimiento europeo
importante, la Colonia del Sacramento portuguesa en 1680, o el
Montevideo español fundado entre 1724 y 1750. El carácter de
frontera móvil del territorio influyó también en su economía -
facilitando el contrabando y la burla del monopolio comercial español
- y en la sociedad, ambientando en sus pobladores la actividad
ecuestre y el oficio de las armas. La
pradera natural y el ganado vacuno y caballar sin dueño ganaron
la estancia - predio dedicado a la ganadería y productor de
vacunos - y el estanciero, la figura dominante del medio rural.
Hacia
1700-1800 aparecieron los saladeros que convertían a parte de la
carne vacuna de esas estancias en tasajo. Este era carne salada,
dura y magra, por lo que la consumían al comienzo sólo los
esclavos de Cuba y Brasil. Los saladeros eran una mezcla de
estancia e industria asentada en Montevideo. Aunque en 1832
incorporaron la máquina de vapor para producir grasas, la
elaboración del tasajo sólo requería la habilidad manual del
gaucho enlazador del ganado casi salvaje y la diestra artesanía de
los peones - hasta 1830 casi todos esclavos negros - cortadores de
carne en finas lonjas que luego se salaban y apilaban durante dos
o tres días. Luego se practicaba el secado de la carne salada
tendiéndola al sol. Esta industria eran en suma una manufactura.
Por
el puerto de Montevideo se comerciaba legalmente con España y
Buenos Aires (desde 1779), e ilegalmente con el Brasil portugués
y las naves europeas que arribaban "forzosamente" a sus
playas. Esa actividad generó una renta suficiente para mantener
tanto a la burocracia española que gobernaba la Banda Oriental,
como a los ricos comerciantes que integraban el cuerpo municipal
llamado Cabildo, única e imperfecta escuela de gobierno propio a
la que "criollos" tenían acceso. La Banda Oriental
formaba parte del Virreinato de Buenos Aires desde su creación en
1776 y una importante zona adyacente lo integraba como Gobernación.
La
población - 30.000 habitantes hacia 1800, una tercera parte en
Montevideo - estaba dividida tal vez con más claridad en regiones
y en razas que en clases.
Montevideo
era sede del poder español y de la sociedad jerarquizada en razas
y clases. Comerciantes, prestamistas, estancieros ausentistas y
altos funcionarios, formaban una clase alta que todavía olía a
los orígenes humildes de sus antepasados canarios, vascos y
catalanes. Pequeños tenderos, pulperos, militares y funcionarios
de baja graduación, y artesanos, integraban un esbozo de clase
media. Debajo de todos, el tercio de la población era negra y
esclava.
El
Interior, el medio rural, era el mundo donde todas las
distinciones sociales, que existían tendían a desdibujarse o a
amalgamarse con otros rasgos de la economía y de la cultura hasta
hacerse muy singulares. Los estancieros latifundistas habían
expulsado a anteriores ganaderos más pobres y menos influyentes
ante las autoridades españolas. La mayoría de los grandes
estancieros no poseían su tierra con títulos de propiedad
perfectos.
Muchos
sólo habían iniciado el trámite para adquirirla en Buenos Aires
y lo habían abandonado, cansados por las demoras de la burocracia
borbónica, así como disgustados por su costo que siempre
superaba al precio de la tierra. Otros habían pagado tierras a la
corona española dentro de determinados límites. Esas estancias,
una vez medidas, resultaban tener una superficie mucho mayor que
la abonada. Todos estos hechos tornaron a los estancieros
dependientes de las resoluciones del Estado español primero y
republicano después.
En
ese Interior abundaba la población errante, a veces mestiza. La
vida era fácil y el alimento casi único y esencial, la carne era
gratuito. Este hecho se explica porque la producción era
infinitamente superior a una demanda reducida al escaso mercado
interno y a los limitados mercados externos cubano y brasileño.
La Banda Oriental, con tal vez 6 millones de vacunos y medio millón
de yeguarizos, poseía el mayor número de cabezas vacunas y
equinas por habitante en el mundo. El "proletariado"
rural - el gaucho- era ecuestre (hasta los mendigos andaban a
caballo en Montevideo), y tenían el alimento siempre asegurado.
Preguntado uno de los líderes de la Revolución de 1811 acerca de
sus medios de vida respondió que "cuando necesitaba una
camisa se conchavaba" (empleaba), y si no, "paseaba".
Para estos campesinos, el trabajo era una opción, no una
necesidad. Los latifundistas observaban con fastidio a una mano de
obra independiente, que sólo trabajaba cuando el Estado perseguía
de tarde en tarde a los "vagos".
Existían
tensiones. La autoridad española impedía a los estancieros la
libre venta de sus cueros a los comerciantes ingleses y
portugueses, y demasiado a menudo los amenazaba con cobrarles las
tierras que detentaban. Así lo hizo, por ejemplo en agosto de
1810, meses antes del estallido de la Revolución por la
Independencia en febrero de 1811.
A comerciantes y ganaderos molestaba la sujeción a las autoridades políticas, judiciales y mercantiles (Virrey, Real Audiencia y Tribunal del Consulado), residentes en la vecina, competidora y envidiada ciudad de Buenos Aires.
El Grito de Asencio Carlos M. Herrera (pintura al oleo, detalle)
Los
gauchos e indios odiaban todas las medidas que provenían del
Cabildo de Montevideo o de su Gobernador en procura de la contención
del contrabando, la persecución de los "vagos", o la
expulsión de los pequeños terratenientes de las grandes
estancias. Este último punto había generado resentimientos
fuertes. Los pioneros ocupaban los campos, sujetaban a rodeo el
ganado abandonado y bravío, construían ranchos y corrales,
combatían las incursiones de portugueses y la indiada sobre sus
tierras. Y cuando la región se tornaba habitable, aparecía el
favorito de Gobernadores y Virreyes, o el rico comerciante
bonaerense o montevideano que había comprado esas tierras y
lograba una orden de expulsión de los pioneros. Todo el Uruguay
se había colonizado así en cuatro o cinco oleadas sucesivas de
pioneros que luego habían sido declarados "intrusos"
por la autoridad colonial.
Todos
estos resentimientos internos y externos (contra España y Buenos
Aires), estallaron en 1811, cuando se aflojaron los lazos del
control colonial ante la invasión francesa a la metropoli.
Documento elaborado por: José Pedro Barrán
Source: Presidency Website www.presidencia.gub.uy
1811, Batalla de las Piedras, Juan Manuel Blanes (pintura al oleo, detalle)
Uruguay: territorio, espacios y participación ciudadana
Introducción
El
territorio uruguayo fue, desde los albores de la historia
colonial, campo de conflictos. A pesar de encontrarse al interior
de la jurisdicción española, el primer poblamiento de
significación lo llevaron adelante los portugueses en 1680 en la
Colonia del Sacramento, el asentamiento rioplatense a 50 km. de
Buenos Aires. Antes, los españoles se ocuparon de introducir la
riqueza ganadera.
Fue
Banda Oriental (del río Uruguay) hasta el forzado retiro de los
hispanos, Provincia Oriental como parte de una federación de áreas
que hoy integran el Litoral argentino del río y el sector
meridional de Río Grande del Sur en el ideario y la acción de
José Artigas, principalmente entre 1815 y 1820.
El
Uruguay surgió como estado independiente, en tanto fórmula
transaccional que definió la disputa entre los dos grandes países
de América del Sur, en la llamada Convención Preliminar de Paz,
cumplida en Río de Janeiro en 1828 con la participación de la
diplomacia de Argentina y Brasil así como con el decisivo
auspicio del Imperio Británico aunque con la ausencia de
representantes de la nueva nación. Surge entonces el calificado
como "estado tapón".
Territorio
La
importancia de la escala de análisis En
un artículo con destino a lectores de otros países, no se puede
dejar de priorizar como primera característica del país la
escala en la que se inscribe. Con 176.215 km2, su área es similar
al país menos extenso de América del Sur (Suriname) aunque a
veces se destaque agregándole sus aguas territoriales. Partiendo
de la metrópoli que reúne la mitad de la población del
territorio, se puede alcanzar a los países limítrofes con sólo
recorrer poco más de 300 kilómetros que son relativamente
facilitados por una suave topografía.
La
proximidad y la carencia de obstáculos significativos (la
densidad de corrientes fluviales lo fue en otros tiempos)
facilitan las comunicaciones de todo tipo, el conocimiento y
control del territorio. Por otra parte, la pequeñez realza la
importancia relativa de la frontera respecto de su área total, lo
cual hace que no haya lugar que no esté próximo al borde e
influido por sus condiciones.
La
escasa superficie se complementa con un reducido contingente de
población el que, desde el censo de 1963 espera superar los 3
millones de habitantes. La falta de un mercado consumidor interno
ha justificado las políticas que desde el siglo pasado se dirigen
a la obtención de objetivos comerciales externos.
La movilidad de los uruguayos es significativa, un porcentaje importante de residentes se ha desplazado más allá de las fronteras debido a lazos familiares con emigrantes, por razones recreativas o económicas. Además, las condiciones de vida tienden a vincular socialmente a un sector significativo de la población, en la enseñanza, en el trabajo y en todo tipo de actividades posibilitando que la relación directa entre individuos de un mismo sector social sea un factor que allana o, en ciertas oportunidades dificulta, la resolución de problemas. Se hace referencia al hecho por el carácter estratégico que el mismo tiene en la cohesión de la sociedad uruguaya.
Valle Edén, uno de los mejores paisajes serranos del país, y la cuna de un cantor que es un mito, Carlos Gardel, Departamento de Tacuarembó La base física
Sin
dificultad se pueden imaginar las características del subsuelo
del Uruguay, prolongando correctamente las formaciones geológicas
del sur de Brasil. Los terrenos precámbricos que comienzan en el
límitrofe río Yaguarón predominan al sur del Río Negro que
divide con rumbo diagonal al conjunto del territorio, es el área
en la que dominan las colinas redondeadas y los cerros bajos pero
destacados, de la penillanura cristalina o de las serranías que
desde Río Branco alcanzan el puerto turístico de Piriápolis. Es
en una de esas sierras que aparece el punto más alto del país
-el Cerro Catedral en la Sierra de Carapé- a sólo 513 m. En los
terrenos precámbricos se destaca la explotación de granitos,
arenas, mármoles,feldespatos y, más recientemente,
principalmente en el departamento de San José, el aprovechamiento
económico de yacimientos de oro por parte de una empresa
transaccional, hoy observada por los controles ambientales
gubernamentales.
La
Cobertura Sedimentaria Gondwánica domina el triángulo
nororiental limitado por la Cuchilla de Haedo, el río Negro (al
cual traspone) y la frontera, facilitando la existencia de una
penillanura en la que se pueden percibir formas ligeramente planas.
Los minerales arcillosos más destacados son el caolín y la
montmorillonita. En esta área como en la anterior domina la
explotación ganadera extensiva.
Las
lavas efusivas básicas de la Cuenca del Paraná se extienden
hacia el noroeste dando origen a terrenos que alcanzan su mayor
nivel hacia oriente en la Cuchilla de Haedo y, por lo tanto, buzan
hacia el Río Uruguay en un camino que siguen los afluentes de aquél.
Allí los suelos son superficiales, particularmente aptos para el
ganado que se alimenta con pastos poco desarrollados. En el norteño
departamento de Artigas, las ágatas y amatistas constituyen un
producto de exportación y, como en otros países, de colocación
en áreas turísticas. El obstáculo de las lavas en el lecho de
los ríos más importantes ha posibilitado la instalación de
usinas que proporcionan el 90% de la energía eléctrica. La
fracasada búsqueda de hidrocarburos ha permitido el acceso a
fuentes hidrotermales a partir de las profundas areniscas de
Tacuarembó (Botucatú) que hoy son aprovechadas por una actividad
turística que cuenta con visitantes de los países limítrofes.
La
cobertura sedimentaria cenozoica se destaca en la Cuenca de la
Laguna Merín que comienza un arco que se continúa junto al Océano
Atlántico, el Río de la Plata y bordea el Río Uruguay en su
tramo final. Es la zona de las planicies que presenta diversas
características según sean los sedimentos, las pendientes y su
evolución. Hacia el este, se ubican los suelos mal drenados que
facilitan una producción de arroz de altos redimientos destinada,
principalmente, al mercado brasileño. En el sureste y sur
constituyen la base de uno de los más significativos recursos turísticos
del país: cientos de kilómetros de playas. Finalmente, hacia el
suroeste, habilitan los suelos más fértiles, generalmente
destacados por su producción cerealera.
En
cuanto a los recursos minerales, se debe remarcar: a) el aún
insuficiente avance de los estudios; b) la inexistencia de
combustibles; c) la carencia de minerales metálicos de valor
exportable; d) la abundancia en materiales de construcción,
incluidas las calizas metamórficas de Minas y las sedimentarias
de Paysandú; e) las particularidades de la ley de minería de
comienzos de los años 80´ que es el motivo de contradicciones
entre aspirantes a explotar un subsuelo que pertenece al Estado y
productores agropecuarios que conservan la propiedad del suelo.
Si
bien el territorio uruguayo se sitúa en la porción de la zona
templada próxima al trópico sus características climáticas
derivan de la dependencia permanente, facilitada por la carencia
de elevaciones, de las masas de aire cálidas y húmedas del
anticiclón del Atlántico así como de las frescas y secas del
anticiclón del Pacífico sur. Aunque, en términos generales, la
estacionalidad es marcada, la extrema irregularidad permite que en
ciertos momentos invernales los termómetros superen los 25°
Celsius.
El
pasaje de los frentes facilita la existencia de una pluviosidad
que va desde los 900 mm en el suroeste hasta los 1300 mm en el vértice
noroeste. En el centro del país se registran los mayores niveles
en materia de heladas (30 días por año) en tanto que los menores
(20) hacia el suroeste, de mayor aptitud agrícola. En el apogeo
estival, Punta del Este tiene una media mensual de 22°, mientras
en julio llega a la mitad de esa cifra. En el extremo norte la
fluctuación se sitúa entre 26 y 13° respectivamente.
Merced al perfil físico esbozado, el territorio cuenta con una dominante aptitud pecuaria cifrada en sus pasturas naturales, mejoradas o artificiales aunque no debe dejarse de lado al más del millón de hectáreas aún no suficientemente aprovechado por la explotación agrícola.
Praderas naturales, ganado en su habitat natural.
Los
pobladores
A
las limitaciones referidas al escaso número de población
absoluta se suma un conjunto de características que la distingue
de los demás países latinoamericanos. Con notorias similitudes
respecto a los países del primer mundo, no sólo en cuanto a sus
ancestros que llevaron a Darcy Ribeiro a ubicarlo entre los
"pueblos trasplantados" ya que no existen comunidades
indígenas, sino también en cuanto al peso de la tercera edad en
la pirámide de la población -16% de 60 años y más-; una
expectativa de vida de 72 años y medio; una baja tasa bruta de
natalidad (17,8 por mil) que aún se ve disminuida no sólo por
una tasa de mortalidad (10.3 por mil) sino por una emigración que
no cesa de afectar principalmente a los jóvenes, dando como
resultado un crecimiento intercensal decenal que no llega al 10%,
y con una tasa de alfabetización que supera el 95%.
El
peso de 630.000 jubilaciones y pensiones sobre una población de 3
millones ha ubicado a la seguridad social como un tema recurrente
en la vida política del país, en la que un sector de la clase
política se inclina por la contención de las remuneraciones y el
cambio de régimen en base a iniciativas del Poder Ejecutivo o del
Parlamento y la mayoría de la población responde repetidamente a
través de instancias plebiscitarias con la defensa de los
principios que sustentaron la previsión desde sus orígenes:
solidaridad social, administración estatal y control mediante los
representantes de los contribuyentes y beneficiarios.
Existen
pocos ejemplos en el mundo de semejante desigual distribución de
la población dado que la mitad de la población uruguaya se
asienta en el área metropolitana de la capital, dominando en el
resto los asentamientos en el borde del territorio -principalmente
al sur y oeste del país a lo cual se agregó en los 70´y 80 el
atractivo de la frontera con Brasil- restando un dramático vacío
central que se vincula a la paulatina reducción de la población
trabajadora de los establecimientos agropecuarios (-23% en veinte
años). Una población urbana que se sitúa en torno del 85% pero
en las que crece la extensión de la vivienda improvisada con
escasez de servicios.
Montevideo
integra la única área metropolitana de un país
institucionalmente centralizado. Es sede del gobierno nacional y
del gobierno del departamento homónimo, encabezados por
diferentes partidos políticos. Además, es eje de comunicaciones
radiales y de manera aplastante: mayor puerto, aeropuerto, centro
financiero, industrial, comercial, educativo y cultural.
Del
punto de vista migratorio, en el Uruguay se destacan claramente
los fenómenos internacionales de los internos. La corriente
campo-ciudad no fue muy significativa porque la ganadería
extensiva nunca desarrolló el poblamiento rural y porque se
cumplió temprana y lentamente y ya presenta signos de agotamiento.
A partir de los años sesenta se produce una corriente migratoria
de signo negativo que, incluso, comprende el regreso de europeos a
su lugar de origen. El saldo migratorio neto se ha estimado entre
1963 y 1985 en 310.000 personas, o sea, el 12% del total de la
población. Aunque resulta dificultosa la determinación precisa
del destino de los emigrantes, seguramente, no menos de la mitad
se dirigió a Argentina, con dominio de la ciudad de Buenos Aires,
siendo el resto repartido entre Brasil, Estados Unidos, Australia,
Canadá, España, Venezuela, Suecia y México. Hacia los cuatro últimos
se dirigió un porcentaje importante de la migración política
posterior al golpe de estado, mientras en los primeros países se
destacó la llegada de uruguayos que buscaban solucionar su
situación económica.
Espacios
Los
dilemas trascendentes
El
primero en el tiempo se refiere a la permanencia, con las bases
actuales, de lo que se ha denominado como plaza financiera.
Haciendo un paralelismo al interior del Mercado Común del Sur, se
percibe que Brasil tenía en 1990 un Producto Bruto Interno
equivalente a 37,6 veces mayor que el de Uruguay pero, mientras en
éste los depósitos en el sistema financiero signficaban el 56%
del PBI (casi la mitad de esos depósitos provenían de no
residentes), en Brasil alcanzaban sólo el 9,1%. El banco
comercial privado de mayor volumen de depósitos en el Uruguay
(Pan de Azúcar) llegaba a los 329 millones de dólares, en
Argentina (Ciudad de Buenos Aires) a 460 y en Brasil (Citibank) a
704.
El gobierno dictatorial estableció, entre 1974 y 1979 las reglas del sistema financiero: libre movilidad de capitales, libre determinación de tasas de interés, eliminación del curso forzoso de la moneda nacional y libre asignación del crédito por parte de los agentes privados. En 1982 se aprobó la autorización a la banca off-shore y el secreto bancario.
Posteriormente, el
Estado uruguayo ha asumido las responsabilidades de bancos en
quiebra y eliminado las prioridades que concedía la propia
administración al Banco de la República.
A
fines de 1994, la red bancaria la componían: de 3 bancos
oficiales; 20 bancos privados extranjeros (no existen bancos de
empresarios nacionales); 2 bancos transitoriamente administrados
por el Estado a efectos de concretar su venta definitiva a
capitales transnacionales.
La
distribución del negocio bancario por parte de los capitales
internacionales ratifica la distribución de la población y las
actividades económicas ya que prioriza la instalación,
fundamentalmente en la capital y en el área de Punta del Este,
vale decir, en espacios internacionalizados, principalmente por
los depósitos de los visitantes argentinos. Se polemiza respecto a
las desventajas que los criterios de gestión actuales representan
para el sector productivo del país.
Vinculada
a la política financiera se encuentra la de zonas francas,
principalmente a partir de 1987 en que se establece que el Poder
Ejecutivo podrá disponer el establecimiento del régimen en
cualquier punto del país. Ello supone la instauración de
condiciones impositivas excepcionales, eliminación de monopolios
estatales, oportunidad de realización de cualquier tipo de
actividad económica, habilitación de administradores privados de
zonas, apertura de cupos comerciales concedidos por terceros países,
libre circulación de monedas y valores.
La
política de zonas francas se propuso constituir una atracción
para el capital extranjero que no plasmaron las leyes de promoción
industrial y de inversión extranjera, buscando crear la
expectativa de un asentamiento al interior del Mercosur sin costos
impositivos. En agosto de 1994, esas aspiraciones, como era
previsible, se desmoronaron ante la decisión de Argentina y
Brasil que consideraron a los productos provenientes de las zonas
francas uruguayas como ajenos al ámbito de los tratados de Asunción,
debiendo, por lo tanto, sujetarse a las normas que rigen a las
importaciones provenientes de terceros países.
Resta
en el territorio la presencia de 9 zonas, de las cuales 6
apuntaban notoriamente a la relación con el mercado de la ciudad
de Buenos Aires (3 en el departamento de Colonia) y solamente una
alcanza la frontera con el Brasil. Contrariamente a las
expectativas, las zonas francas uruguayas se han destinado a las
funciones de depósitos comerciales para mercancías en tránsito
hacia el consumidor uruguayo.
Por otra parte, no se han correspondido con la realidad, ni los objetivos descentralizadores -la zona más utilizada es la que se encuentra en el periurbano de la ciudad de Montevideo- ni las fuentes de trabajo aguardadas.
El Portón de Campo, de piedra labrada, ahora reconstituida, se erigió en 1745 como la única entrada a la ciudad amurallada, Colonia del Sacramento, Departamento de Colonia.
El
carácter de estado-cuña del Uruguay se ve revalorizado estratégicamente
en la actualidad con el desarrollo de los intercambios de mercaderías,
personas y capitales entre Argentina y Brasil, entre éste y Chile
y, por supuesto, entre aquellos y el Uruguay. Existe la
posibilidad de que el territorio se convierta en un área que
reduzca los tiempos y las distancias. Es desde esa óptica que se
proyecta la construcción del Puente Colonia-Buenos Aires que sería
el tramo fundamental de una rápida comunicación -el Eje Vial-
entre Sao Paulo y Buenos Aires o los puertos del Pacífico.
Notoriamente, no habrá puente sin un acuerdo en la construcción de la gran carretera porque de lo contrario se seguiría empleando el cruce Uruguayana-Paso de los Libres (700 camiones diarios) y la peligrosa Ruta 14 del Litoral argentino.
Ante la carencia de
fuentes de trabajo, son varios los trazados reivindicados por
agrupamientos locales en Brasil y Uruguay: el que concentra a los
puntos situados en la ruta 5 hasta llegar a Rivera-Santa Ana do Livramento- Passo Fundo, etc. o la que lideran los municipios
vinculados a la ruta 8 que incluyen a Lavalleja, Treinta y Tres,
la Junta Local de Río Branco, Jaguarao, Pelotas, etc. entre otros,
a modo de ejemplo. A su vez, el Litoral del Río Uruguay, tanto
uruguayo como argentino reacciona con fuerza ante los planes de
construcción del puente porque el mismo significaría un relevo
del rol que en la actualidad cumple en las comunicaciones.
Colonia del Sacramento II, Departamento de Colonia.
Para
que se construya el puente será necesario que despierte el interés
empresarial de quien o quienes estén dispuestos a arriesgar en
base al mecanismo de concesión de obra pública, vale decir,
quienes estimen que el cobro del peaje compensará con creces los
riesgos de la inversión en un plazo conveniente, además del
seguro acompañamiento del Banco Interamericano de Desarrollo. Aún
no ha aparecido un interesado totalmente decidido y es por ello,
que todavía se consideran cinco posibilidades de trazados, con no
menos de tres proyectos de cabecera por cada margen del Río de la
Plata que están a consideración de la empresa dispuesta a
invertir unos 800 millones de dólares.
En
el extremo en que el inversor se inclinase por conectar la obra a
las áreas céntricas de Buenos Aires y Colonia, sería para ésta
un impacto socioeconómico comparable al de un poderoso temblor de
tierra. Téngase presente que significaría la unión de una
capital departamental de 20.000 habitantes (censo de 1985) con una
metrópoli de 10 millones de personas. Dadas las diferencias en
materia de calidad de vida que ambos puntos presentan, no es
ocurrente afirmar que Colonia se convertiría rápidamente en una
ciudad dormitorio de la capital argentina y un atractivo turístico
de fines de semana para un sector importante de los bonaerenses.
Ya el acuerdo por la futura construcción firmado por los dos países
ha significado una sobre- evaluación inmobiliaria del área, el
arribo de inversores argentinos, el paulatino reforzamiento de la
actividad turística y cambios en el uso del suelo. El segundo
impacto seguramente lo constituirá un obrador para 2700 personas
durante 4 años de construcción, lo cual redimensionará un rol
que ha cumplido el departamento de Colonia desde el siglo pasado:
proveedor de materiales de construcción para la ciudad de Buenos
Aires.
Frente a cualquier trazado se debe tener presente que no hay todavía en el país una Ley de Ordenamiento territorial y que la legislación existente es insuficiente ya que sólo tratan acerca de los fraccionamientos, amanzanamientos, estímulos o desestímulos a la implantación en determinados lugares, disposiciones que autorizan a los entes autónomos a actuar en el territorio pero la realidad es que se carece de una política pública de regulación del territorio. En cuanto al control ambiental, hay una ley que está en los inicios de su aplicación en un país sin experiencia en ese campo.
El
otro gran proyecto es el acondicionamiento de la Hidrovía
Paraguay-Paraná con finalización en el puerto de Nueva Palmira
de Uruguay en donde ya hay asentada una zona franca. La hidrovía
con una extensión de 3442 km. podría servir a un área de
720.000 Km2 compuesto por todos los países de la Cuenca del
Plata. Por supuesto que la vía fluvial siempre existió y siempre
ha sido empleada para el tránsito de cabotaje, ahora se trata de
reducir en unos 10 días los casi 36 que significa el viaje desde
el interior boliviano- paraguayo-brasileño hasta el Río de la
Plata y convertirla en la primera salida regular del interior del
continente sudamericano.
Los
interesados en el funcionamiento de esta comunicación son las
empresas explotadoras del manganeso y la soya que hoy se ven
limitadas por los costos del transporte terrestre hacia los
puertos del Atlántico así como quienes tienen intereses en los
puertos que usufructuarían el comercio. Para alcanzar sus
objetivos, el gobierno uruguayo no sólo deberá lograr el acuerdo
para que se erradiquen curvas, se drague, se señalice, se
sistematice la legislación aduanera, se fortalezca la policía de
ríos sino que deberá concretar las obras internacionales del
canal Martín García, ubicado entre la isla del mismo nombre y la
costa uruguaya y el total reconocimiento de una terminal a la que
no han renunciado los puertos de la argentina provincia de Santa
Fe.
La
apuesta a un Uruguay territorio de paso, con planes como el Eje
Vial, el Puente Colonia-Buenos Aires y la Hidrovía que afectarán
la vida del país por mucho tiempo, significa una opción que
deberá ser el fruto de una discusión democrática con la
participación del conjunto de la sociedad uruguaya.
Es indudable que los acuerdos del MERCOSUR constituyen una expresión regional del proceso de globalización y de constitución de bloques en distintas zonas del mundo aunque sería simplista interpretarlos como una simple iniciativa promovida por empresas transnacionales. Constituyen un relevante fenómeno geográfico en la medida en que han originado importantes acontecimientos de reconversión de actividades, marcos legales y transformación de espacios.
Muchas veces se atribuyen al Mercosur impactos que van más
allá de los acuerdos; es el caso de la competencia de productos
del Extremo Oriente o del propio Chile que es fruto de políticas
neoliberales nacionales que sustentan la apertura comercial como
factor del desarrollo.
Seguramente,
los más afectados por el tratado y las políticas señaladas han
sido los productores primarios del sector agroalimentario que en
el caso uruguayo han debido, por ejemplo, dejar de lado la
producción de remolacha azucarera, caña (el mayor desempleo
actual se presenta en el departamento de Artigas), oleaginosos, o
que, aún continuando la explotación hortifrutícola ven peligrar
incluso las posibilidades del mercado interno. También es
significativa la disminución de fuentes de trabajo en industrias
tales como la farmacéutica, la textil, la metalúrgica, la frigorífica
y la del caucho. El problema se acentúa cuando se formulan políticas
desreguladoras que no contemplan como el "welfare
state", el aporte de créditos adecuados para el productor.
En
el caso de la industria láctea, el ingreso de la empresa Parmalat
al Uruguay mediante la compra de la preexistente "Lactería"
pone en serio cuestionamiento a la mayor empresa del país, la
Cooperativa Nacional de Productores de Leche (CONAPROLE),
agrupamiento de productores con respaldo y control estatal que
recibe materia prima de 3850 productores, emplea a 2500 personas,
posee 16 plantas y 7 en base a acuerdos, vende por 170 millones de
dólares al interior del país y exporta por 92 (1993).
Recientemente, Nestlé ha manifestado su interés de ingresar al
mercado de lácteos uruguayos, para adquirir materia prima para su
planta de Nogoyá, Entre Ríos.
La
presencia de una empresa que se rige por criterios de lucro
característicos en el capitalismo transnacional, que busca captar
a los mayores proveedores de Conaprole con contratos que no puede
suscribir individualmente una cooperativa, que cuenta con recursos
que no se originan en el país, que posee plantas en los
principales países del Mercosur y que se dirige, como todos los
exportadores del área a satisfacer el déficit lácteo del
mercado brasileño, lleva pausadamente a un cambio de reglas de
juego en el mercado lácteo uruguayo.
Conaprole aspira a reducir costos de producción por medio de la universalización del tanque de frío, pero tiene relación con unos 800 pequeños o medianos productores que no alcanzan una capitalización que les permita en muchos casos adquirirlo y/o realizar la entrada de electricidad o el camino al predio que los camiones tanques requieren. Consecuencia: el abandono de los campos, los remates o la reconversión productiva están a la orden del día. Los partidarios de adaptarse a las nuevas condiciones que impone la globalización fundamentan la conversión de Conaprole en sociedad anónima en la que el productor ideal debe tener al menos 300 hectáreas, explotadas con tecnologías avanzadas.
Península de Punta Ballena, Punta del Este, Departamento Maldonado, mirador natural que ningún turista debe perderse.
Dentro de las actividades de trascendencia internacional se encuentra el movimiento turístico. Un turismo con desniveles estacionales que está compuesto en su mayoría por el veraneo de argentinos o uruguayos residentes en aquel país; aspecto muy permeable a los vaivenes económicos del socio del Mercosur. De acuerdo con cifras del Ministerio de Turismo, en el primer trimestre de 1994, los turistas argentinos constituyeron el 80,4%, seguidos por los uruguayos residentes en el exterior con un 8,2%. El mayor ingreso se produce a través del puente que une Fray Bentos con Puerto Unzué, los puertos de Montevideo y Colonia. En el período mencionado tuvo como destino preferido Punta del Este en casi el 40%.
Aeropuerto internacional Carlos Curbelo, Punta del Este, Departamento de Maldonado Participación Ciudadana
No
hay lugar a dudas cuando se afirma que el Uruguay es uno de los países
latinoamericanos con mayor participación ciudadana. Determinar
los factores de que ello ocurra quizás ameritaría la realización
de un ensayo multidisciplinario. Sin embargo, se efectuarán aquí
algunos intentos de explicación. Precisemos previamente que el
destacar dinamismo de la sociedad civil no significa ignorar que,
como en otros puntos del orbe, ha sufrido últimamente un descenso.
La
escala de terrritorio y población no es un aspecto desestimable,
pero el regreso a una serie de hechos históricos resulta
imprescindible. En el comienzo está la rebeldía oriental del período
artiguista: en primer término contra España, luego frente a la
hegemonía de la ciudad de Buenos Aires (hecho que motiva un
inmenso éxodo popular que acompaña a José Artigas),
posteriormente, ante los portugueses y al proyecto de la Provincia
Cisplatina.
Hacia
la década de los 70 del Siglo XIX, el país entra casi
violentamente en el mercado capitalista internacional, es la hora
de los ferrocarriles ingleses, de la transformación de las
estancias cimarronas en establecimientos rurales que deben
producir lanas para las fábricas textiles de Manchester y
Liverpool y se produce la mayor importación de alambre para
cercar los predios. Es tiempo de "sanear" el campo
eliminando la gente que se encontraba fuera de la legalidad. Pero,
paralelamente, se produce la reforma educativa encabezada por José
Pedro Varela. Esa reforma significó: incremento de centros
docentes, gratuidad, obligatoriedad, laicidad, reforma de los métodos
educativos y ajuste del sistema a las condiciones del ambiente.
Esa temprana revolución educativa sentará las bases para el
ciudadano de cultura avanzada del Siglo XX.
A
comienzos del siglo actual, el presidente José Batlle y Ordóñez
llevará adelante, con respaldo popular y aprovechando una
favorable coyuntura internacional, un conjunto de resoluciones que
significarán la nacionalización de bienes y servicios que, en
algunos casos, estaban controlados por compañías inglesas. De
esa forma crea el Banco de la República, el Banco de Seguros del
Estado, el monopolio del cabotaje nacional, el Banco Hipotecario,
las Usina Eléctricas del Estado, Administración de Tranvías y
Ferrocarriles, proyecta la creación del Frigorífico Nacional,
etc., vale decir, un programa nacionalista avanzado que fortalecerá
el área estatal y la posibilidad de encarar emprendimientos
colectivos. Esas realizaciones pasaron a formar parte del ideario
popular. Por otra parte, la industrialización incipiente de
aquellos tiempos se nutrió también de trabajadores inmigrados
que junto a la técnica aportaban una gran experiencia en luchas
sociales europeas.
En
1966, luego de casi un siglo de agrupamientos diversos, el
movimiento sindical uruguayo alcanzó su total unificación a través
de la Convención Nacional de Trabajadores, participó de duras
jornadas de luchas sociales entre 1968 y 1972, sufrió la
persecución a partir del golpe de estado de 1973 y resurgiró
desde 1980, manteniendo desde 1985 su unidad en el denominado PIT-CNT.
Hay
fechas históricas en la movilización popular: el acto
antidictatorial de noviembre de 1983 que reunió a 400 mil
personas de todos los partidos políticos en defensa de la
democracia; las manifestaciones en favor del cumplimiento del
juicio a los responsables de actos violatorios de los derechos
humanos (superada por la opinión contraria de una mayoría de
votantes en el plebiscito), los inmensos actos finales de las
campañas electorales, los reiterados pronunciamientos
plebiscitarios en favor de los derechos de los jubilados; la
defensa del área estatal de la economía que obtiene el 71% de
los votos en el plebiscito que se desarrolla en diciembre de 1992;
las campañas en favor de un presupuesto digno para la enseñanza
pública. También podríamos agregar acerca de la relativa
importancia del sistema cooperativo, expresada entre otros por el
ejemplar movimiento de cooperativas de vivienda por ayuda mutua
que ha concretado entre 1969 y 1984, 140 conjuntos habitacionales
en todo el país.
La movilización en torno a problemas ambientales es una
inquietud más
cercana en el tiempo. Se destacó en temas como la eventual
instalación de una central nuclear en la ciudad de Paso de los
Toros o los humedales del departamento de Rocha.
Se puede afirmar que, pese al descaecimiento de una enseñanza pública que en los últimos 30 años ha sido reducida en sus recursos, los objetivos de libertad, democracia, justicia social, defensa del Estado, enseñanza pública laica, gratuita y obligatoria están mayoritariamente arraigados.
Colonia del Sacramento, Departamento de Colonia.
Bibliografía
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1.4.93-31.3.94, Montevideo.
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Pelegrino, Adela (Compiladora), "Migración e Integración", Ediciones Trilce. 1995.
Fuente: Portal Oficial de la Presidencia de la República Webswww.presidencia.gub.uy
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